Una visita a la fábrica de Rolls-Royce... en 1960

Rolls-Royce Corniche, último modelo de RR fabricado en la planta de Crewe (Fuente)

Ayer se cumplieron diez años de la salida del último Rolls-Royce de la fábrica que, hasta entonces, la marca compartía con Bentley en la localidad inglesa de Crewe, y quiso la casualidad que, navegando por las entrañas de la revista Popular Science, me topara con una visita realizada por uno de sus redactores en 1960. El artículo comienza así:

Cuando me llevaron a través de la planta de Rolls-Royce en Crewe, en el centro de Inglaterra, un ingeniero apuntó: “El día que empecemos a construir coches como Cadillac, Chrysler, o Lincoln, no tendremos derecho a cobrar nada más por ello de lo que ellos cobran”. En esta extraña fábrica, los costes de producción son ignorados como una cuestión de política. A ningún cliente se le promete una fecha de entrega firme –porque nadie puede predecir cuando los inspectores de Rolls liberarán un coche para su venta.

Continúa con una serie de fotos con sus respectivas descripciones, algunas de las cuales me he tomado la libertad de resumir y traducir a continuación. El artículo original podéis leerlo íntegramente aquí (Google Books).

En una sala insonorizada, un inspector de calidad utiliza una sonda acústica para comprobar el leve zumbido de los engranajes de una transmisión automática.

(Izquierda) En este banco de mecanizado, una serie de complejas herramientas perforan el bloque de aluminio que sustenta el motor V-8. Con no menos de 11 herramientas por cabezal, aquí se realiza el acabado de los agujeros principales, se hacen las ranuras para las juntas de estanqueidad y se abre un hueco para las juntas de las camisas de los cilindros. Las herramientas están diseñadas para realizar todas las operaciones relacionadas en una sola pasada, garantizando la concentricidad y la perpendicularidad.
(Derecha) Aquí se comprueba que las camisas de los cilindros no sobresalen más de 0.05 milímetros por encima del bloque motor. El extremo inferior de la camisa queda libre para expandirse, ya que el hierro fundido del que está compuesto y el aluminio del bloque se expanden a ritmos distintos.

Cada motor V-8 se equilibra como un conjunto, colocándolo en el dispositivo que se muestra y haciéndolo girar con un motor eléctrico. Unos transductores electrónicos muestran cualquier desequilibrio e informan de si está más cerca de la parte delantera o trasera del motor. En la foto, un operador realiza las correcciones oportunas.

Un bloque completo de hierro fundido es mecanizado para dar forma al tambor de un freno. A pesar de que sería más rápido y barato fabricar las aletas de refrigeración por fundición, Rolls-Royce prefiere mecanizarlas junto con el resto del tambor para evitar la aparición de sopladuras.

En la imagen, el motor V8 de 6.2 litros optimizado para que el ruido en el interior del coche sea mínimo. No se especifica la potencia, pero sí que conseguirá alcanzar una velocidad máxima de aproximadamente 180 km/h en un vehículo de más de 2 toneladas.

El famoso radiador de Rolls-Royce, realizado en acero inoxidable pulido, es ensamblado por dos soldadores cualificados. Cada radiador lleva entre 9 y 10 horas de trabajo artesanal. Como curiosidad, las superficies superior y frontal parecen planas, pero están curvadas unas milésimas para parecer planas (en caso contrario crearían un efecto óptico que las haría parecer curvadas). Un truco copiado de los principios arquitectónicos de los antiguos griegos.

El jefe de pruebas Doug Fox prueba por primera vez un Rolls-Royce virgen en un paseo de 200 millas. Hasta el más mínimo detalle es anotado para su reparación a manos de un especialista.

Doug Fox demuestra la estabilidad del vehículo soltándose de manos a 180 kilómetros por hora. Se apunta que incluso a esa velocidad es posible mantener una conversación en tono normal. Cada nuevo Rolls Royce pasa al menos una semana de pruebas y mejoras.

Bonus: La fábrica de Rolls Royce en la actualidad

A continuación os dejo el capítulo de Megafactorías dedicado al Rolls Royce Phantom. Aunque como podréis comprobar el trabajo sigue siendo eminentemente manual, los procesos han evolucionado bastante en los más de 50 años que hace que se escribió el artículo anterior. Eso sí, en la casa de la doble R, siguen siendo tan meticulosos con los ruidos como siempre.




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